lunes, 5 de diciembre de 2016

Presentación de “Sangre de guerrillero”

Quinto libro del joven escritor santurtziarra

Alain Martin Molina presenta su quinto libro, “Sangre de guerrillero”, por la editorial Almud, junto a la alcaldesa Aintzane Urkijo y el escritor y profesor Pablo Zapata. Alain agradece la máxima disponibilidad de la alcaldesa y el Ayuntamiento de Santurtzi para y la “idoneidad para eventos” de la Casa Torre. “Autores como tú y los artistas locales siempre serán apoyados y bienvenidos”, agradece la alcaldesa, “gracias por acordarte de tu pueblo”.

“Sangre de guerrillero” fue previamente presentado en Madrid, pero es en Santurtzi donde puede recibir el apoyo de amigos, familia y compañeros de trabajo. Zapata ayudó en la creación de una red de bibliotecas, “es un honor que un ex alumno me invite a la presentación de su libro”, agradece, “en lugar de olvidarme”. El veterano escritor se levanta “para no ahogarse” y describe la carrera de Alain, quien ha publicado cinco libros, artículos en revistas y ha ganado premios por cuentos a sus 36 años.

Pablo Zapata describe físicamente la novela como una “obra primorosa de perfección que da gusto” para argumentar que nadie pida a Alain muestras gratis. “No tiene un árbol donde crecen” y explica que se deben comprar para saldar los gastos. Leyó la novela con veinte días de antelación y le ofrece “el mejor piropo” que se puede ofrecer a un libro. “Es querer seguir leyendo tras el primer capítulo”, por no describir mucho y ser una lectura rápida.


Dos siglos de avance perdidos

Pablo Zapata no quiere hablar durante más de siete minutos porque ha acudido a presentaciones sobre libros de “una hora para decir tonterías”. “Sangre de guerrillero” presenta “las dos Españas” como escenario. Los ilustres afrancesados como Moratinos o Goya se exiliaron y el país sufrió dos siglos de avance perdidos por culpa de Fernando VII.

España se convirtió en “el país de los frutos tardíos” y Fernando VII, “lo peor que ha pasado al reino”, masacra la Constitución y a quienes se quedaron. Con la muerte de Fernando VII, surgieron problemas por la herencia de la corona entre su hija Isabel II, al ser mujer, y su hermano.

No se recuperó la cultura hasta 1875 por los intelectuales españoles formados en Europa. “España siempre pierde a sus mentes ilustres y brillantes”, sintetiza Zapata, “por una razón o por otra”. La historia se repitió en la Guerra Civil Española con el 80% de intelectuales exiliados o fallecidos y el bajón cultural actual por la “fuga de cerebros”.

“Nadie tiene ni idea de la guerra”, elabora Zapata, “porque no ha leído libros o solo escritos por los ganadores”. Se debe leer a los extranjeros porque son objetivos, mientras que en España se lee “con el Índice”. “En la mitad de hogares españoles no entran libros o periódicos”, concluye antes de ceder la palabra a Alain, “un ingeniero solo sabe de Ingeniería e igualmente vota”.

Alain Martin Molina: “¡Aquí tengo al carlista que necesito!”

“Ahora sabéis por qué invito a Pablo a las presentaciones”, bromea Alain Martin Molina. Imitando a su profesor, se levanta para dirigirse al público y comienza a relatar la creación de “Sangre de guerrillero”. La novela histórica comenzó a escribirse en enero de 2015. Su bibliografía previa incluye “La búsqueda de Yannick”, “El pasado fue una guerra”, “Un camino hacia Santurtzi” y “El pasado fue una guerra”, basado en la Guerra Civil.

Un matrimonio manchego de abogados se interesó por Alain tras su última novela. Le propusieron enfocar su siguiente libro en el carlismo al sur de Madrid, ya que solo había basados en el País Vasco y Navarra. Le sugirieron investigar y documentarse en Castilla La Mancha. En 1833, Fernando VII falleció y las dos Españas se dividieron en carlistas e isabelinos.

Isabel II era un bebé en aquel entonces y media España pedía que gobernara Don Carlos, el hermano de Fernando VII. El resultado fue una guerra civil de siete años con un trasfondo ideológico y social que a día de hoy repercute. En la cultura española popular, se desconoce a los carlistas al sur de Madrid, así que Alain convirtió en personaje a “un tal Palillos” que aparecía en escasos documentos y partes de guerra a partir de 1833. “¡Aquí tengo al carlista que necesito!”, exclama el escritor, “usaba la ficción para rellenar los huecos de la Historia” en los años de los que no encontraba información.


Palillos casi cambia el presente

La guerra carlista se desarrolló de una forma totalmente diferente en el norte y en el sur de Madrid. El sur tenía un sistema de guerrillas y sabotajes a las tropas isabelinas. Palillos es una obscura figura que reclutó siete mil carlistas puerta por puerta a miles de kilómetros de su origen. El gobierno se olvidó de él para centrarse en defender el norte.

Entonces, se dieron cuenta que Madrid quedaría sitiada si Palillos la atacaba desde el sur y Tomás de Zumalacárregui por el norte. No sucedió así, pero se quedaron cerca de lograrlo y los carlistas fueron defenestrados tras perder las guerras. El carlismo defendía el conservadurismo, todos los lugares con fueros se unieron contra Isabel II. Como castigo, Cánovas del Castillo eliminó en 1976 los fueros tras la última derrota carlista. Tan solo quince años después, se creó el Partido Nacional Vasco como respuesta a habérseles arrebatado la identidad por el hecho de perder una guerra.

El carlismo también se ha heredado en la actualidad con un partido conservador con poca representación política fuera de Navarra. Tras visitar el Museo Carlista de Estella, “muy ilustrativo” según Alain Martin Molina, descubrió que todavía hay carlistas pidiendo que el descendiente de Don Carlos herede el trono porque la dinastía monárquica actual no es la apropiada. Hoy día el problema sigue con la descendencia femenina de Felipe VI.

“Se les arrebató la identidad por el hecho de perder una guerra”

La charla concluye con una reflexión acerca de que se debe cambiar la Constitución Española porque los herederos son mujeres. La novela realiza la misma transición de un pasado histórico a la actualidad. Los carlistas son derrotados y pasan a un plano secundario y oscuro en la historia española, escrita por los liberales. Por eso no es una novela histórica al uso, pues incluye acción, amor y política en un periodo de siete años en guerra.

“Los ganadores tienen estatuas”, explica Alain Martin Molina, “y nombres sonados”. La novela simplemente reivindica que Palillos pudo haber puesto en jaque al gobierno de Madrid y casi trae un presente diferente. “Cuando un bando pierde”, profundiza Alain, “desaparecen de la historia o queda marcado con el símbolo del malvado”.

“A Alain le brillan los ojos cuando habla de Historia”, revela una profesora en la audiencia que había leído “Sangre de guerrillero”. Describe la novela como una historia de amor entre el guerrillero y su mujer. Lo considera experimental por tratar a la mujer como la figura que ha tenido en la Historia, “a la sombra de un hombre que resalta”. La mujer de Palillos es un protagonista que ayuda al héroe a “pasar de la crueldad a la compasión”.

Alain describe la mayor complicación de escribir novela histórica con “correr el riesgo de no ser historiador” y que las fuentes no sean fidedignas. Tuvo que acceder a muchas referencias digitales porque solo existía un libro sobre el carlismo en La Mancha. Define la Historia como “el soporte del argumento”, no un manual porque se encarga de “rellenar los huecos”.


“Sangre de escritor”

“Los procesos editoriales son eternos”, expresa Alain, “y encima fallan a pesar de releer”. Antes de ponerse manos a la obra con otra novela, quiere disfrutar su descanso y valorar la evolución personal desde que publicó su primer libro, “viajes, personas, anécdotas y paternidad”. “Si leo la primera novela que publiqué”, confiesa el escritor refiriéndose a “La búsqueda de Yannick”, “no me agrada el resultado”. Han pasado nueve años desde que publicó su primer libro y plasma ese desarrollo engrandeciéndose a nivel personal. “El poeta nace, lo lleva dentro”, elabora Pablo Zapata, “el escritor se va haciendo”. Cita referentes mayores a sesenta años, “Alain está aún con el biberón”, bromea.


“Pobre del escritor que no borra”, advierte el veterano, “soy incapaz de mirarme al espejo un mes después de publicar”. Sin embargo, confía en que a Alain le augure un gran futuro. “Por si acaso no vivo de ello, tengo un trabajo”, concluye bromeando su ex alumno. Entre la audiencia, el abuelo de Alain cierra la charla con broche de oro recitando “no hay nada mejor para la mente de una persona que discurrir”.

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