sábado, 2 de abril de 2016

De la viñeta a la pantalla

Pedro Rivero y Alberto Vázquez colaboraron para adaptar “Psiconautas” a una película animada


Pedro Rivero es director y guionista en la película española de animación “Psiconautas” junto a Alberto Vázquez, quien escribió la novela gráfica. El film rompe con todos los moldes de animación actual y está dando nombre a ambos artistas tras colaborar en los cortometrajes “Birdboy” y “Sangre de Unicornio”. Vázquez se enroló en la animación gracias a Rivero, cuya carrera comenzó con películas “irregulares” por amistades y coincidencias.

El director elaboraba cómics desde joven y no se profesionalizó hasta escribir para amigos dibujantes. De ahí, dio el salto hasta las primeras películas vascas de animación y las series de Gregorio Muro. Rivero no comenzó a realizar proyectos personales hasta 1999 por “La Crisis Carnívora”: la primera película española animada en Flash.

La idea surgió en 1990 para viñetas, pero intentó desarrollarla en animación 2D. Por falta de financiación, tuvo que producirla, dirigirla y escribirla en Flash, de ahí que la considere “irregular”. El piloto en 2D puede ser hallado online, por lo que a día de hoy sigue atrayendo curiosos que preguntan por qué no sucedió. La película es el resultado de 7 exhaustivos años de producción, desde el guión hasta la animación, “que no desearía a nadie”.

Las mayores influencias de Pedro Rivero como director son David Lynch y Miyazaki. El estilo visual de Psiconautas homenajea a la animación occidental desde la explosión del principio. Es mucho más explícito que Birdboy para poder subrayar “la sensibilidad y simultaneidad en eventos y emociones”.


El Goya que cambió todo

El cortometraje Birdboy allanó el terreno para el largo Psiconautas, que inicia conectado a la novela gráfica pero se diferencian sobre la marcha. Pedro Rivero conoció a Alberto Vázquez a través de su cómic y le ofreció adaptarlo a una película tras la sugerencia de un editor. La atmósfera deprimente mediante animales del bosque se asimilaba a lo que Rivero quería para La Crisis Carnívora. Así que tomó el tiempo necesario para descansar de ella y Alberto no se conformó con aceptar la adaptación, sino que colaboró en la animación.

Rivero y Vázquez quisieron experimentar con Birdboy antes del largo para no repetir el estrés del metraje previo. Los cambios se solidificaron en un premio Goya que Alberto recibió con ironía como cebo para nuevos inversores. Junto a la recepción positiva del corto, comenzaron a ser tomados en serio.

La historia de Psiconautas está inspirada en la crisis española de los 80 tras la quiebra de la industria naval. La Unión Europea desvaneció “las oportunidades de una generación entera” y la droga se volvió la salida de muchos parados. El trasfondo está tan aparente en el film que arrancó las lágrimas de algunos espectadores y al propio director. Consideran que ha sido un éxito a pesar de su mensaje agridulce y tienen pensado trabajar juntos más en cortos y guión.


Goomer y la animación española

El primer guión que Pedro Rivero escribió para una película de animación fue sobre San Ignacio de Loyola. Continuó con la adaptación del cómic Goomer a una serie de animación por petición de Canal+. Más adelante, Filmax compró los derechos y ordenó a Gregorio Muro que lo reestructurase en una película.

Para mantener la fidelidad al cómic, Pedro habló con los creadores del cómic original y se las arreglaron para adaptarlo lo mejor posible. En la actualidad, se ríe de la “irregularidad” del film y sus similitudes con Planet 51, a la cual critica por ser un tributo a Norteamérica como Tadeo Jones y Atrapa la Bandera. Lo considera “una estúpida colonización cultural” por productores que “creen estar salvando el cine español cuando en realidad actúan en su contra”.


Pedro señala la hipocresía de los Goya ante el cine de animación porque celebra su siglo cuando no abre escuelas especializadas. Los creadores independientes se ven obligados a “dar un salto de fe” si no quieren realizar “películas estúpidas para niños”. Anuncia que el peor pecado del cine animado español son las películas sin pasión “para vender productos como idiotas”. Ello causó el cierre de muchas productoras jóvenes que incapacitan la construcción de una “cultura cinemática” y lo alienan como un “género infantil”.

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