miércoles, 5 de octubre de 2011

Las aventuras de Barfman y Jalapeño #1-La crisis del pepino

Estaba volando en mi jet privado dirección Madrid. Nah, es broma, qué más quisiera tener un jet privado... o un coche... o cualquier cosa con ruedas a excepción de mi triciclo rosa. Pero pude pagarme un viaje en avión para ver a mi mamá, que hoy cumple 59 años. Bueno, en realidad el viaje me lo pagó mi mamá.

Mi nombre es Alex Decorte. Tengo 30 tacos, pero mi mamá me trata como si tuviese 3. Mi padre murió en un accidente en la fábrica de pelar patatas. Se cortó accidentalmente un pie y luego tropezó por la ventana de un décimo piso. Pero ese día había una inundación, por lo que la sangre atrajo a los tiburones y las serpientes marinas que lo devoraron.

Así que mi madre se fue a trabajar a Madrid porque su familia tiene una empresa de recolección de cartones. Yo fuí adoptado por mi tío loco alemán Hanks Tomas Decorte, a cuyos abuelos un tal Adolfo Hitler les dejó una gran herencia con mansión y todo. Hanks era como una mamá para mí, pero a lo bestia.

Vivir en un palacio de la hostia de Bonn es increíble, salvo porque no contrata a mayordomos por miedo a que le roben los calzoncillos. Por lo que entre los dos hacíamos todas las tareas de la casa: la colada, la comida, la cena, la limpieza, echar las ratas...

El año pasado recibimos un regalo de un tipo llamado Lord Frost. Nos regaló una cesta de pepinos que gustosamente freímos, untamos en mantequilla y nos los comimos en paella de marisco. Pero los pepinos estaban malditos.

Felicia Jaciendas era una médium gitana a la que le correspondía la herencia de Hanks, por lo que echó una maldición a los pepinos envenenando a quien los comiese. Mi tío murio ipso facto, pero lo mío fue 999999999'999.99999/999999999 veces peor (y no exagero): me salió una úlcera en el estómago con propiedades mágicas. En un principio me dolía, pero con el paso de los días creció hasta convertirse en un tercer riñón. Luego empezó a tomar conciencia y hablarme.

Fui al médico y me dijo que era un tumor maligno enviado por Satanás. Pero a mí me caía bien, casi me hizo olvidar la muerte de Hanks. ¡Y porras, la olvidé! Así que tiré su cuerpo insensible al pozo de la mansión y volví a jugar con mi tumor a los policías robot.

Un día vino una guapa detective llamada Marilyn Coñardiente a la mansión porque hacía tiempo que no se sabía nada de Hanks. ¡Porras, olvidé decírselo a la policía! Iba a pensar que lo había asesinado. Cuando bajó al pozo y vió su cuerpo putrefacto........ se puso muy rara.

Por lo visto, a la tipa le ponían los cadáveres, supongo que es ''muertofílica'' la palabra que designa a esa oscura realidad. Así que le bajó los pantalones y le buscó el pitilín (huy, dije pitilín, qué guarrote que estoy hecho, jijí) pero tan solo salió un pellejo putrefacto. Ella se lo metió en la boca y se lo comió.

Estaba tan asqueado que me dió por chillar como Aitor Molina Gamer y salir del pozo escalando las piedras. Pero resbalé y perdí el conocimiento.

Me desperté con un líquido pegajoso y blanco en los pantalones y Marilyn asqueada.
-Pensé que habías muerto.
-Y yo pensaba que no estabas loca.

Quise alejarme de ella pero parecía haberse obsesionado. A mí me parecía guapa pero me daba miedo. Además, nunca hablé con ninguna mujer hecha de carne y hueso. Recuerdo que a los 20 dibujé una y la recorté hasta que me dejó por el Sr. Sacapuntas. Nunca lo llegué a superar.

Pero nada, la tiparraca me seguía a todas partes como mi propia sombra y empezó a atormentarme. Aún así me ayudaba. Por ejemplo, descuartizó a Hanks y se deshizo del cadáver como si nada. Pero a cambio no me dejó dormir esa noche. Se empeñó en poner un cuadro de nosotros dos a puro martillazo. Encima, el día siguiente lo pasamos follando.

A la semana, mi amigo el tumor se me puso a hablar:
-Desde que apareció ella no jugamos nunca.
-¿Y qué quieres que haga? No puedo echarla de mi vida, sino se vengaría delatándome.
-Nadie se enteró de la muerte de Hanks y parece que no tiene familia ni amigos que se preocupen de ella. En una semana no ha salido de la mansión y los periódicos ni se molestaron en dar a conocer su desaparición.
-¿Lees el periódico?
-Sí, leo uno que se llama ''El Reich''.
-Pero no podría matar ni a una mosca aunque esté embarazada.
-¿Quién dice que deberías matarla tú? (El tumor sacó una pistola y me apuntó a la cabeza.) VAMOS, LLÉVAME A SU DORMITORIO.
-No puedo, nos violará a los dos.
-Hazlo o te juro que te vuelo la tapa de los sesos aunque muera contigo.
-NO.
-Por fi...
-Bueno, si me lo pides así...
-:3

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